

Kazukage se enfrenta repentinamente a un divorcio, acusado de violencia doméstica de la que no recuerda nada, y pierde la casa a la que podría regresar. En ese momento, una alegre gyaru lo llama: “Puedes quedarte en mi casa”. Resulta ser Karen, su amiga de la infancia con quien solía jugar a la “base secreta” cuando eran niños. Sin embargo, la casa a la que Karen lo lleva es una vieja casa tradicional con años de desgaste, nada que ver con lo que uno esperaría de una gyaru. Mientras renuevan la vieja casa, ambos sanan poco a poco sus corazones heridos y su relación, reconstruyéndola. Igual que la base secreta que una vez tuvieron.
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